Dios tenía un plan ese fatídico día de 1956. La
tribu que fuera responsable de la muerte de los cinco misioneros, los
waoranis, encontró el camino a Dios. A petición de los ancianos de la
tribu, el hijo de un misionero martirizado volvió para enseñarles sobre
la invasión del mundo exterior... ya aprendió cómo la vida de otros
para siempre.