«Mía es la venganza, yo pagaré dice el Señor» (Romanos 12.19). La justicia de Dios muy frecuentemente se tarda más de lo que esperamos, pero siempre llega. Y nuestra obediencia en aceptar el sufrimiento engrandece su obra en las vidas de los demás. En última instancia, nuestro modelo para responder ante un trato injusto es Jesús. Y al soportar el sufrimiento tal como Él lo hizo, nos hacemos más como Él.