Advierte al creyente de los peligros de ser negligente en su relación con el Señor.
La batalla final de la guerra espiritual arrecia. Satanás concentra sus ataques más furiosos en el creyente y en la iglesia de Cristo. Está desesperado. Se le termina el tiempo. Todavia tiene en sus manos mucha maldad que volcar sobre la tierra. ¿Qué podemos esperar los cristianos?