El Espíritu es el poder de lo alto para hacer la obra de Dios. Nuestro Señor les dio a sus discípulos la promesa del Espíritu Santo el día de Su resurrección: «Quédense en la ciudad hasta que sean revestidos del poder de lo alto» (Lucas 24:49). Esta promesa es ahora para todos los creyentes en Cristo que no lo quieren a Él para su disfrute, sino para su obra.